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Eventos y Actividades:

Publicado el: Jueves, 31 de marzo de 2016 a las 8:54 am

Reflexión No. 10: “Después de resurrección… ¿qué debe ocurrir?”

ref10Texto Bíblico Clave: “…el sudario no estaba con las vendas sino enrollado en un lugar aparte” (Juan 20: 7b/NVI/1999).

…El color blanco distintivo en los paños litúrgicos, flores (lirios blancos), decoraciones alusivas al momento, etc. –son los elementos que vimos en los templos el domingo de resurrección. Y con mucha razón; los símbolos son importantes a toda la Tradición Cristiana. Por otro lado, el énfasis en el milagro de la resurrección fue un asunto planteado en todos los púlpitos de las diversas iglesias. Asunto obligatorio, obviamente. La resurrección es un asunto de fe (religioso) y no de índole científico. Y, desde dicha perspectiva debe atenderse y comprenderse.

(más…)


Publicado el: Martes, 15 de marzo de 2016 a las 10:59 am

Reflexión No. 9: “Una Fe Adulta”

jesusTexto Bíblico Clave: “Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: ¡Aumenta nuestra fe!”

(Lucas 17: 5/NVI/1999).

Contrario a como muchos piensan, la fe es un asunto que trasciende el hecho de solo asumirla o tenerla para “creer” y “obtener grandes cosas por parte de Dios.” La fe según el contexto del texto clave (Lc. 17:5) está muy relacionada también con nuestra necesidad de ella para ser formados como buenos discípulos de Jesús.

La fe aunque involucra los elementos intelectuales de comprensión y la convicción de la verdad (Rom. 10:11); se relaciona también con nuestro “actuar” en torno a la verdad. Al referirme a la verdad, me refiero al mensaje revelado que hemos recibido en las Sagradas Escrituras y no a una doctrina o creencia en particular. Esto significa que donde hay fe habrá la voluntad de actuar sobre esta verdad. En palabras sencillas, existe una relación muy íntima entre “el creer” y “el hacer.” Entre “recibir las enseñanzas de Jesús” y “ponerlas por obra o práctica.” No se puede se puede ser discípulo de Jesús si no se internaliza la fe y con ello, se traspola a la praxis diaria. Tal como indica Santiago: “Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (2:7).

En el texto bíblico en cuestión (Lc. 17:5) –los discípulos piden que se les aumente la fe, no para enfrentar las fuerzas del mal o hacer grandes milagros. Se han dado cuenta que seguir a Jesús implica un corazón limpio y responsable ante Él (ver versos anteriores Lc. 17:1-4). La enseñanza de todo el pasaje (Lc. 17: 1-10) muy bien apunta a que, el discipulado tiene “un costo/unos requerimientos” y por ende, los discípulos piden fe para poder asumir las exigencias del Reino de Dios. Más que exigencias, seguir a Jesús implica una forma de vida.

Si leemos con detenimiento todo el pasaje descubriremos que Lucas está comunicando algo en particular a su comunidad de fe. No podemos perder de perspectiva que los evangelios fueron escritos a comunidades particulares y con una teología particular. Por ello, Lucas, utilizando la presente historia parece plantear que la fe está muy relacionada con una ética de vida que nos llama a un “deber.” Así por ejemplo, fe para ser personas de testimonio ante el mundo. Fe para ser capaces de perdonar cuando es requerido, fe para ser agradecidos a Dios por lo bueno y lo malo, fe para abrazar y amar al necesitado, fe para mantenernos firmes en el camino de seguir a Jesús –aún cuando haya deseos de claudicar o abandonar el mismo. ¿Cuántas veces las mismas pruebas y crisis de la vida nos empujan a pensar tal cosa? De hecho, en el Antiguo Testamento, la palabra relacionada a la fe, es la palabra hebrea “aman” y tiene la connotación de “estar firme,” “ser estable”. Es decir, estar firme en tiempo de prueba por la confianza puesta en las promesas de Dios. Por tanto, los discípulos van a Jesús y le piden fe porque ellos saben que no pueden dar el grado. Necesitan ser asistidos por la gracia de Dios.

Jesús sabe que sus discípulos no son los mejores en asuntos de fe. Él sabe que eso es algo que irán desarrollando en el camino. El texto bíblico expone que ellos reconocen su necesidad. Tienen poca fe, pero tienen deseos de crecer espiritualmente y dicen: “aumenta nuestra fe.” Ellos piden una “fe adulta.” ¿Qué es una fe adulta? La fe adulta es aquella que posee, al menos, dos componentes básicos:

  1. Una fe adulta es una que busca formación: En la Biblia, particularmente en el Nuevo Testamento, los que se constituyen en seguidores de Jesús son quienes siguen un “camino.” El concepto “camino” es una de las expresiones más antiguas que se usaba para referirse a aquellos que han asumido la realidad de seguir a Cristo. Es decir, los primeros cristianos que seguían a Cristo eran llamados los del camino o seguidores del camino (del griego “hodos”).

El que sigue a Cristo es alguien que ha sido sacado de la orilla, del margen de la vida, y puesto en un camino donde habrá no sólo de experimentar seguir a Cristo, sino que tendrá que internalizar y poner por práctica lo que aprende de Jesús.

Hoy día, a muchos que dicen ser creyentes no les agrada ser formados. Piensan que lo saben todo. Por otro lado, evaden el diálogo y correlación entre la fe y la razón. Sin embargo, históricamente –en la iglesia, el principio de formación es vital. El que quiere seguir a Jesús “tiene que formarse.” Cuando los discípulos piden que se les aumente la fe, hay allí en esas palabras un grito por la formación. ¡Señor enséñanos, guíanos, fórmanos! La formación es el principio básico para el crecimiento espiritual. Muchos han entendido y entienden la formación como una mera instrucción. La formación es aquello que nos capacita desde la Palabra de Dios para responder eficazmente en la liberación y transformación de mi vida, de los míos, de la iglesia y del mundo.

  1. Una fe adulta es una fe que busca depender de Dios: Esto implica que nuestra fe y capacidad para creer está asistida por Dios. Que la fuerza para enfrentar las “crisis de la vida” que nos llegan –viene de Dios y no siempre de nuestra propia capacidad. En la crisis la mente se nubla, se confunde, la gente se turba y por tanto, necesita confiar en Dios para descansar en él, y no sólo en nuestra propia capacidad física, espiritual y emocional. Una fe que depende de Dios reconoce que Dios es Soberano y que él sabrá cómo obrar en cada situación. Una fe adulta es una fe que no le exige a Dios “milagros” para clarificar si Dios está o no está con nosotros. Una fe adulta es una fe, que simplemente descansa en Dios y aprende a depender de su gracia.

¿Qué tipo de fe estamos viviendo? ¿necesitas que tu fe aumente? Dos asuntos vitales. Primero, confia en la formación de Dios a tu vida. Cada prueba, cada experiencia de la vida, cada día siguiendo a Jesús –es un día de formación y aprendizaje. Considero que no hay experiencias “malas”, sino experiencias que forman y nos ayudan a ver la vida de otra manera. Segundo, si te falta la fe, simplemente pide a Dios que te asista en tal proceso. Somos seres humanos y la fe es un don de Dios.

¡Así nos ayude el Señor!


Publicado el: Jueves, 25 de febrero de 2016 a las 4:10 pm

Reflexión No. 8: “¿Qué es la Vida Cristiana?”

reflexionTexto Bíblico Clave: “Se mantenían firmes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración” (NVI –Hechos 2:42).

La vida cristiana es una, marcada por etapas, procesos y experiencias. Se nutre de la fe en Dios cuyo conocimiento (Rom. 10:17) se adquiere a través de las Sagradas Escrituras (revelación especial), entendidas en el cristianismo como reveladas por Dios al ser humano.

Por ello, la vida cristiana se da en el contexto de una dimensión escritural que a su vez forja una visión ética y doctrinal bajo la cual el creyente se “forma” y “conduce” su vida a la luz de unas creencias. Es decir, de lo que se ha creído. De ahí en adelante, la vida cristiana es un “caminar conforme a...” y no una mera filosofía de vida personal.

Es “vida” porque se enmarca en la premisa de un estilo y forma de vivir y es “cristiana” porque dicha forma de vivir se remite –en principio– al sujeto central y de devoción de la misma: Cristo Jesús. Por otra parte, es “cristiana” porque habrán de asumirse (a través del seguimiento y discipulado), los postulados y enseñanzas de Jesús desde los Evangelios. Asunto que la Iglesia fue trabajando desde la sistematización de la doctrina con los Padres de la Iglesia. De ahí que, la vida cristiana tiene:

  • Un componente escritural: La Biblia.
  • Un componente experiencial: La fe del que cree y sus vivencias en torno a ella.
  • Un componente de Tradición: La Tradición recibida de la Iglesia.
  • Un componente comunitario: La comunidad de fe y escenario donde se conforma el crecimiento del creyente.
  • Un componente cultural: Dado que la vida cristiana no se da en la marginalidad de la sociedad, sino en sociedad; la cultura será entonces el “locus”/lugar teológico desde donde la Iglesia contribuirá a la transformación del mundo.

Con todo ello, de qué vale considerar las doctrinas y postulados de la Iglesia si la vida cristiana no se asume como “forma de vida.” De qué vale el conocimiento de… si el corazón no está doblegado a… De qué vale “saber” si no ha habido “conversión.” De este modo, quien dice vivir la vida cristiana deberá entender que la vida cristiana es algo más que asistir al templo, cantar himnos, orar, guardar ciertos preceptos, etc. Se trata de “internalizar” la fe para “vivir” la fe conforme a las enseñanzas y vida de Jesús.

De manera simple, la vida cristiana es entonces: una forma de vida que se inicia con un encuentro con Cristo (conversión), el seguimiento de Cristo a través de sus enseñanzas, la puesta en práctica de dichas enseñanzas, y en gratitud –la comunicación de todo ello a otros seres humanos. Es decir, la vida cristiana, dado que se da en “comunidad,” dicha comunidad de fe habrá de poner a dispocisión de otros el regalo de amor de Dios que nos fue dado en Cristo Jesús (Jn. 3:16).

En resumen, como dijo el apóstol Pablo: “Ya no vivo yo, más ahora Cristo vive en mí” (Gál. 2:20). Se trata de tener a Cristo en el corazón y éste manifestado en nuestra forma de vivir. Y, por tanto, que dicha experiencia se vea reflejada en nuestro diario vivir.

No importa la tradición cristiana que profeses, la invitación es la siguiente: vayamos al Culto o la Misa y desde nuestras respectivas tradiciones de fe pongamos en práctica lo que significa “ser creyente.”


Publicado el: Lunes, 22 de febrero de 2016 a las 3:02 pm

Reflexión No. 7: “¿Qué es la Cuaresma?”

CuaresmaTexto Bíblico Clave: “Entonces Jesús volvió a gritar con fuerza, y entregó su espíritu” (NVI –Mateo 27:50).

La Cuaresma es el tiempo litúrgico que ha establecido la iglesia cristiana para prepararnos y conducirnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestras faltas y de cambiar algo de nosotros para ser mejores creyentes y poder vivir en mayor comunión con Cristo.

La Cuaresma dura 40 días y seis domingos antes de resurrección; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, las diferentes iglesias de tradición cristiana hacen un esfuerzo por memorar los eventos importantes en el ministerio de Jesús así como su pasión, muerte y resurrección. Por ello, los diferentes mensajes (sermones) que se ofrecerán desde el púlpito nos conducen a un encuentro con la cruz.

El color litúrgico de este tiempo es el púrpura (lila) que significa luto, penitencia y la realeza de nuestro Señor Jesucristo. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Sin embargo, la mayor riqueza de este tiempo consiste en la reflexión que cada uno de nosotros pueda realizar en torno a nuestra renovación espiritual en relación a Cristo. El camino de seguir a Jesús requiere momentos de renovación espiritual para poner en perspectiva nuestras prioridades en la vida.

Es un tiempo en que, con alegría y solemnidad, proclamamos, recordarnos y respondemos a la muerte expiatoria de Cristo. Cuaresma enfatiza entonces lo que Jesús hizo por nosotros. Recordemos pues, tal obra de amor.


Publicado el: Miércoles, 28 de octubre de 2015 a las 11:40 am

Reflexión No. 6: ¿Quién es mi prójimo?

manos reflexiónTexto Bíblico Clave: “En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aún a los más pequeños, a mí lo hicisteis” (BLA –Mateo 25:40).

Después de un arduo día en el que tuve la oportunidad de predicar en el Aniversario de una Iglesia –acerca de la historia de Bartimeo el ciego (Mc. 10: 42-56), un marginado por la sociedad de su época; en la tarde como de costumbre hice mi rutina de ejercicio. Luego, me fui a Wendy’s una tienda de comida rápida. En una esquina de dicha localidad (específicamente en el estacionamiento), me encuentro con un sujeto sentado al margen del camino. Estaba dando gritos y hablando incongruencias. Se nota que no está bien y padece de sus facultades mentales. Tal vez, el vicio o, quién sabe qué otros factores sociales o congénitos lo condujeron a tal situación. Cuando me acerco a la entrada de Wendy’s el sujeto se percata de mi presencia….y comienza a gritar con gran fuerza. Luego, queda en silencio, cabizbajo y meditabundo. Seguí mi camino, estaba hambriento el tiempo de ejercicio me tenía exhausto.

Mientras yo comía (en el Wendy’s) mi pequeña y modesta cena (una Cesar salad) el sermón que prediqué vino a mi mente. Y me dije: “Pablo Edward….Te acabas de encontrar con uno de aquellos que están al margen del camino. Con uno de aquellos que no tienen voz. Uno que otros rechazan por su condición de vida. Uno que es “invisible” ante la sociedad. Al igual que el ciego Bartimeo le gritó a Jesús: ‹‹¡ten compasión de mí!››, éste sujeto te ha gritado a ti. ¿Pablo, qué vas a hacer?

Salí de allí para ver si el sujeto seguía en aquella esquina. Así es….estaba sentado y en silencio. Entré a Wendy’s e hice lo que tenía que hacer. Al ir donde él, compartí unas breves palabras y le dije “toma ve en paz.”

Compartir esta experiencia no tiene el propósito de divulgar lo que hice, sino recordar que existen muchos como éste sujeto, en el camino, esperando un acto de misericordia y de compasión. No para que otros vean ‘cuan buenos’ podemos llegar a ser. Sino, porque resulta necesario ejercitar (promover) la piedad y el bienestar de mi prójimo. Una mejor sociedad se desarrolla –no desde la teoría o la hueca retórica moralista, sino desde la praxis del amor. Aquel día: ¿Cómo acostarme en la noche sin haber puesto en práctica lo que había predicado en la mañana? ¿Cómo ser discípulo(a), hoy, sin vivir el discipulado? A veces, somos egoístas y decidimos a quién ayudar y a quién no. En otras ocasiones, nos preguntamos quién realmente es mí prójimo. La multitud de prejuicios a los que somos socializados nos impide ver a ese que está próximo a mí. Creo que nos pasa a todos. La respuesta es sencilla: mi prójimo es todo aquel o aquella que está a mi lado…en mi camino, o al margen del mismo.


Publicado el: Lunes, 6 de julio de 2015 a las 10:28 am

Reflexión No. 5: Los detalles de Dios

refl5Texto Bíblico Clave: “Cuando ya no pudo seguir ocultándolo, preparó una cesta de papiro, la embadurnó con brea y asfalto y, poniendo en ella al niño, fue a dejar la cesta entre los juncos que había a la orilla del Nilo” (NVI -Ex. 2: 3).

A todo el mundo le gustan los “detalles.” Un “detalle” es una muestra de educación, delicadeza o cariño. En todo caso, es una forma de expresar el afecto de alguien hacia otra persona. ¿Quién no ha sido recipiente de un detalle? Usualmente tenemos detalles con la gente que queremos y apreciamos. Tenemos detalles con nuestros padres, con nuestros hijos, con nuestras esposas o esposos. Detalles con gente que nos aprecia. Los detalles tienen que ver con nuestros valores. Una persona detallista, es así, porque probablemente en su hogar recibió tal modelaje. Hubo cariño y afecto.

El texto bíblico en consideración hace referencia a un Dios que es detallista. Es decir, tiene detalles a la hora de lograr sus planes y propósitos. La historia del nacimiento de Moisés (Ex. 1; 2: 1-10) es una que al leerla con detenimiento descubrimos cómo Dios cuidó y preservó la vida de éste desde su nacimiento.

Lo primero que tenemos que señalar es, que Moisés nace bajo circunstancias difíciles. Para ese momento histórico el pueblo de Israel era esclavo de los egipcios y estos tenían a los israelitas haciendo trabajos forzosos, sobretodo en la construcción de grandes ciudades de almacenaje como lo eran las ciudades de Pitón y Ramsés (1: 11).

El Faraón al ver que los hebreos crecían en número decide establecer una ley en la que todo niño varón que naciera debía ser asesinado por las mismas parteras. Las parteras no obedecieron y por ende, el faraón mandó a echar al río a todo hijo que naciera en aquel momento. Cuando Moisés nace, ese edicto ya estaba establecido.

Al nacer Moisés, su madre, llamada Jacobed vio que era hermoso (v. 2a) y logró esconderlo en contra del edicto del faraón (1:22). En la providencia de Dios, el texto bíblico nos muestra a una madre excepcional. Ésta mujer demostró su amor por el niño logrando ocultarlo por tres meses (v. 2b). Simplemente, para evitar que le hicieran daño. Cuando no pudo ocultarlo más, ella usó una antigua estratagema semítica. Preparó una arquilla y puso al niño entre los juncos a la orilla del río Nilo (v. 3). Aquí quiero que veamos los detalles de cómo Dios usó a esta madre y ella con muchos detalles preparó la salvación de su propio hijo: 1) preparó una arquilla de juncos –es decir un pequeño bote. Arquilla es el diminutivo para “arca” es decir, una especie de bote, nave 2) y la “calafateó” –en otras palabras, unió los juncos entre sí formando la forma de una pequeña barca y embadurnó las uniones de esos juncos con brea y asfalto. Eso se hace para crear una capa sólida y así el agua no entre a la arquilla y 3) colocó al niño dentro de la arquilla a la orilla del río.

El verso 4, indica que la hermana de Moisés velaba hacia dónde se dirijía la barquilla. A ver qué le pasaría al bebé. En adelante, la historia indica que la hija del faraón estaba bañándose en el río. ¿Coincidencia o casualidad? La madre de Moisés y su hermana sabían de esta dinámica y todo fue preparado adrede.

En Dios no hay coincidencias. Los planes de Dios son perfectos y no surgen al “azar” a ver qué ocurre. Lo que Él va a hacer lo hace bien para que su voluntad sea cumplida perfectamente.

Jocabed obedeció la orden del faraón de echar al niño al Nilo, pero no lo tiró río abajo a merced del agua y de los animales de la zona. Puso la arquilla de manera estratégica. Cerca de donde iba a bañarse la hija del faraón.

La hija del faraónvio la arquilla entre los juncos y envió a una sierva suya para que la tomase (v. 5). Al abrirla, el niño comenzó a llorar, y la mujer egipcia, reconociéndolo como varón de los hebreos, tuvo compasión de él (v. 6). Los eventos subsecuentes indican que la hija de faraón le devolvió el niño a su madre para que lo criara en las primeras etapas de la infancia de éste. Ya crecido el niño se lo llevó a la hija del faraón y ella lo adoptó como hijo suyo. El resto de la historia es conocida por todos nosotros. Moisés creció como un príncipe en el contexto de la realeza. Y, aunque eventualmente Moisés se une a la causa de su pueblo Israel, no es menos cierto que todas estas etapas que vivió en su niñez y juventud lo prepararon para constituirse en el líder y caudillo de dicho pueblo. Moisés es un ejemplo de un hombre con gran inteligencia, educación, conocimiento de estrategias militares y sobretodo de obediencia a Dios. Con estos atributos logró dirigir a los isarealitas fuera de Egipto y ayudarlos a cruzar todo el desierto hasta la tierra prometida. Si no se hubiesen dado todas éstas etapas previamente, las otras etapas no hubiesen prosperado. Esto implica que en nuestras vidas cada etapa y vivencia que experimentamos es necesaria para llegar a otros niveles.

Hoy día Dios nos prepara de muchas formas y utiliza diversas experiencias de vida para formar nuestro carácter. En ocasiones nos desesperamos ya que deseamos que ciertas cosas lleguen o se den a nuestra manera. Sin embargo, “no podemos llegar al otro lado del río sin primero cruzar el mismo.” Es decir, no podemos “saltar” ciertas etapas en la vida que son necesarias para que marcadas, formadas, maduradas y “calafateadas” por la vida misma permitan que la voluntad de Dios se manifieste finalmente sobre ciertos aspectos en nosotros. Te pregunto hoy: ¿has sentido que estás en algún proceso en el que Dios te está preparando para algo? ¿has notado en los diversos aspectos de tu vida los detalles de Dios? Es decir, cómo Dios te va preparando en cada momento y en cada etapa para dirigir tu vida hacia algo mayor. O, simplemente te ha estado preparando para lidiar con ciertas situaciones hoy. Hay procesos de vida que son dolorosos, pero no por ello podemos afirmar que Dios no está presente o Dios patrocina el sufrimiento. Hay veces que resulta necesario salir de la comodidad (“comfort”) para valorar con mayor ahinco la vida y todo lo que nos rodea. De otra manera, no podríamos “despertar” a ciertas realidades.

Un consejo: si entiendes que Dios está obrando en tu vida de manera particular en relación a ciertas situaciones que estás viviendo entonces, deja que Él siga trabajando contigo. Eso sí, camina, actúa y pide dirección. Dios siempre nos guiará con “detalles” que iluminarán nuestro camino.


Publicado el: Lunes, 6 de julio de 2015 a las 9:33 am

Reflexión No. 4: Prosigo a la Meta

refle4Texto Bíblico Clave: “yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (NVI -Fil. 3:13).

El mundo en que vivimos es uno marcado por la competencia. Existen diversidad de competencias: competencia de canto, competencia de talentos, competencia de baile, competencia de reinas de belleza, competencia de conocimiento, etc. En muchos casos, el tipo de competencia que el mundo contemporáneo promueve es una que busca el éxito, la fama y la riqueza material.

En el presente texto bíblico, Pablo utiliza un lenguaje que corresponde al mundo antiguo. Parece utilizar un lenguaje que corresponde al mundo de las carreras. Los juegos olímpicos tuvieron su origen en la antigua Grecia en el 776 a.C. y se extendieron hasta el 393 d.C. Pablo conocía de estos juegos y es probable que en el algún momento presenciara alguna carrera de atletas. Tomando probablemente esa imagen de las carreras, Pablo se presenta así mismo como alguien que está en una de ellas. Aclaro que Pablo no trata de exponer que la vida cristiana es una carrera para competir; más bien utiliza la imagen del corredor para exponer que la vida cristiana es un largo camino y todo aquel o aquella que está en él debe recorrerlo hasta llegar a una meta. La vocación cristiana trata de un camino a seguir. De hecho, a los primeros cristianos se les conoció como “los del camino.”

Para no dejar la impresión de que ya había alcanzado la meta, Pablo tuvo mucho cuidado en indicar que todavía él se encuentra en la carrera de la vida. Con ello le dice a la iglesia de Filipos que no basta con haber tenido un encuentro con Cristo y con dicho encuentro –acaba todo. ¡No! Pablo trata de comunicar a sus hermanos en Filipos que la vida cristiana se inicia con Cristo, pero es un continuo progreso de crecimiento constante. Se trata de un estilo de vida con propósito. La vida cristiana no se da en el vacío sin principios que seguir. Tiene un “Norte”. Los caminos se hicieron para avanzar, para llegar a un lugar.

La palabra griega para “meta” es la palabra “skopos” que viene del verbo “skopeo” que traducido significa “mirar a”. Es decir, aquello en lo que se fija la vista. En este caso, algunos académicos indican que Pablo, quizás, se refiere también a las carreras de carros en donde el conductor tenía que estar muy pendiente al camino y a la meta. Distraerse sería fatal. Esto implica que aunque nuestras vidas estén bajo el cuidado de Dios es vital mantener fija nuestra meta. Existen muchas cosas en la vida que nos distraen y desenfocan. Cada uno de nosotros debe identificar aquello que nos distrae, desenfoca y aleja de Dios. Dios desea ser compañero en el camino.

Al final de su comentario Pablo indica cuál es esa meta: “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Aunque dicho premio se relaciona con la vida futura, ese galardón también tiene que ver con disfrutar de la compañía y presencia de Dios aquí y ahora. Se trata de vivir la vida cristiana, no sólo desde una perspectiva teórica, sino práctica. En plenitud. Ello incluye también nuestros sueños y metas personales. Así que, todos estamos en esa carrera. En ella nos encontramos con diversos obstáculos: enfermedad, crisis económica, decepciones, frustraciones, pérdida de un ser querido, divorcio, desempleo, malas noticias, etc. Lo único que las Escrituras nos piden es, a mantenernos en ese camino con la mirada puesta en Dios. Lo demás el Señor lo hará, precisamente en el camino de la vida ya que es en la vida (en el conflicto o en la quietud) donde siempre Dios habrá de manifestarse como Él sabe hacerlo. Recuerda: pase lo que pase en tu vida, aún cuando tus metas se pospongan –manten tu mirada en Dios. Él siempre sale a nuestro encuentro.


Publicado el: Jueves, 21 de mayo de 2015 a las 11:32 am

Reflexión No. 3 “Te veo Jesús”

Reflexión 3

Te veo Jesús, pero qué pasa que no te siento.

Te veo Jesús, pero qué pasa que los rudos golpes de la vida me impiden sentirte sublime, alto, fuerte…

Te veo Jesús, pero qué pasa que las fuertes lluvias de Mayo me impiden ver tu silueta acercarse a mí. Te veo, pero no como antes. Te veo: tenue, borroso, distante…

Te veo Jesús, pero qué pasa que los fuertes vientos y ruidos de la vida me impiden oir tu dulce voz.

Te veo Jesús, pero qué pasa que los problemas me desenfocan, me desorientan, me empujan y me nublan la vista.

Te veo Jesús, pero qué pasa que no te siento. ¡Déjame sentirte! ¡Déjame verte! ¡Mira que me hundo en el lodo cenagoso!

Te veo Jesús, pero qué pasa que mi suelo se desliza, se desmorona, se quiebra. ¡Sosténme Nazareno! Ponme sobre la roca que eres Tú.

Te veo Jesús, pero qué pasa que la traición, la envidia, la angustia, el sufrimiento y la crisis no esperada me atormentan. No son amigos que invité a cenar y mucho menos a pernoctar en mis habitaciones.

Te veo Jesús, pero qué pasa que no descubro verte entre tanta bruma marcada por los conflictos de mi diario vivir.

¿Será que estás y la crisis la antepongo a tu presencia? ¿Será que estás y veo el problema mayor que tu poder? ¿Será que estás y no te oigo por mis ruidos internos? ¿Será que estás y la ansiedad te cubre…?

¡Sí Señor, tu estás! Es que me quedo perplejo, ensimismado y estupefacto ante el problema y olvido tu grandeza.

¡Señor ayúdame a verte como tú quieres que te vea! Grande, fuerte, maternal, paternal, soberano, amigo. Aparta de mí el pesimismo, la desesperanza, el desánimo, la falta de fe, el dolor y las heridas que otros causaron.

Señor Jesús quiero verte en el día, en la tarde, en la noche…en la cotidianidad. Señor Jesús, ¿me entiendes? No te veía porque hice de mi crisis mi pensamiento, y mi amiga. Por eso no te veía, pero siempre estuvistes allí. Mísero de mí que me olvido de tus promesas.

Te veo Jesús, ahora sí. Porque reconozco que los problemas son parte de la vida y en medio de ellos te haces real. Silencioso, callado….pero sufriendo, llorando, gritando y gimiendo con nosotros. ¡Por eso no te veía Jesús! Porque en la crisis te haces crisis y dolor para sentir lo que yo siento. Para solidarizarte conmigo. Para encarnarte en mi propio dolor. Para entenderme. Para sufrir con los que sufren y llorar con los que lloran. Por eso no te veía, porque estás en mi dolor entre el grito y el llanto. Entre la sonrisa y las lágrimas. Entre la confusión y la cordura.

¡Estás aquí Jesús! ¡Que alegría! Eres risa y llanto. Esperanza y quebranto. Eres poder, luz e inspiración.

Te veo, te veo Jesús….estás aquí…llorando conmigo.

 

Dr. Pablo E. Rojas Banuchi


Publicado el: Miércoles, 6 de mayo de 2015 a las 2:58 pm

Reflexión No. 2: Nuestra fortaleza viene de Dios

IMG_20150505_184447396_HDRTexto Bíblico Clave: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (NVI -Fil. 4:13).

Se ha preguntado alguna vez qué quiso decir el apóstol Pablo con dichas palabras.

Primero, estas palabras no son una fórmula mágica. En muchas ocasiones utilizamos estas palabras a manera de “fetichismo.” Es decir, le decimos a las personas que tienen alguna crisis que, “…afirmen o declaren que todo lo pueden en Cristo y todo se resolverá.” Como si al expresar dichas palabras todo volverá a la normalidad de manera “mágica.” Sin embrago, sabemos, que en la vida existen procesos y etapas que debemos vivir y que son necesarios experimentarlos para la mejor resolución de nuestros problemas personales. Expresar estas palabras no significa (conforme a la mentalidad paulina), que las cosas habrán de cambiar de manera instantánea.

De acuerdo a muchos biblistas, estas palabras de Pablo significan poseer la capacidad física y mental que le permite a uno realizar tareas difíciles. En otras palabras, decir que “todo lo podemos en Cristo” no es otra cosa que una “actitud” que se asume ante las diversas problemáticas de la vida. Es asumir “entereza”, “fuerza”, “empeño” con todo nuestro ser y enfrentar de frente los problemas que nos llegan. Desde la perspectiva paulina esa fuerza, esa actitud –se asume en el nombre del Señor Jesús como una manera y forma de afirmar que no estamos solos. Es proclamar que dichos problemas que enfrentamos lo hacemos en la compañía de nuestro Señor. Recordemos que Pablo además de misionero es un educador. Y quiere dejar claro que el creyente debe buscar y procurar por Cristo en todas las áreas de su vida. Dicho de otra manera, Pablo exhorta a los hermanos de la Iglesia de Filipos a afirmar la presencia de Cristo en todo momento. En los momentos buenos y en los momentos no tan buenos.

De hecho, estas palabras de Pablo, parecen en cierta manera, hasta una estrategia de carácter psicológico a través de las cuales busca que la gente aprenda a automotivarse frente a las adversidades. En el cristianismo, esa “motivación” y “fortaleza” tienen un fundamento y se llama: Cristo Jesús. No le ha ocurrido que cuando está atravesando por un momento difícil, alguien se acerca y usualmente en su consejo le dice: “¡Anímate, no estás solo/a, recuerda, Cristo está contigo: afírmalo, proclámalo, vívelo…!” Más que una motivación se trata de asumir una actitud de “resiliencia.” La resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Cuando una persona es capaz de hacerlo, se afirma que tiene una resiliencia adecuada/positiva, y puede sobreponerse a las crisis o incluso resultar fortalecido/a por éstas.

En el mundo antiguo los primeros cristianos utilizaban diferentes formas de poder anunciar aquello en que creían. El centro del mensaje del Nuevo Testamento es la persona de Cristo. Por lo tanto, si Cristo es la buena noticia, entonces esa buena noticia debía ser proclamada a todos. La Iglesia afirma que ese Cristo que ya no estaba entre ellos/as había resucitado y de alguna forma –estaba con ellos de forma espiritual. De este modo, el anuncio de la Iglesia acerca del Cristo resucitado es una forma de decirle al mundo que su Dios no había muerto y seguía ocupándose de ellos/as aún cuando podían percibirlo distante. El Dios que proclama la Iglesia no es un Dios que se aleja de sus criaturas y deja de atender sus reclamos. ¡No! El Dios que proclama el cristianismo nos acompaña en nuestras vivencias diarias: en las alegrías, en el dolor, en el sufrimiento, en el luto, en momentos de desempleo, en tiempos de escasez económica, en enfermedad, en tiempos cuando ni siquiera nadie tiene una palabra de aliento para nosotros.

Estas palabras de Pablo, en cierta manera, son una confesión cristiana. Afirma y expone las creencias de estos primeros cristianos. Esto era muy común en los tiempos del Nuevo Testamento (s. II y III).

Cuando Pablo dice, “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” es una manera de seguir y perpetuar esa tradición y educar a la iglesia de que a pesar de los tiempos difíciles, no hay tiempo difícil en que Cristo no deje de estar presente. Afirmarlo –es proclamar lo que creemos. Y la Iglesia cree que en tiempos difíciles Cristo es capaz de hacerse real en nuestras problemáticas diarias. Es la forma en que la Iglesia se anima y anima a otros a mantener la esperanza. Existen situaciones que se resuelven y otras no. Pero aún en aquellas que no vemos luz al final del camino, Dios estará presente para sostenernos. La vida cristiana trata de actitudes, de creer, de confiar, de luchas, de puertas que se abren y puertas que se cierran. El cristianismo primitivo nunca postuló una vida de “comfort.” La vida cristiana se da en esta tierra no es de otro mundo. Y Pablo, mejor que nadie sabía eso, y lo más que llama la atención es que este hombre está dando un consejo de afirmación de la fe desde la cárcel. Entonces, cómo es posible que un hombre estando preso y en momentos de dificultad brinde un consejo. La respuesta es simple, Pablo no solo predicaba a Cristo, sino que experimenta a Cristo en su ser.

En resumen, Pablo quiere dejar claro que a pesar de estar en prisión y de vivir las cosas que ha vivido -su fortaleza viene del Señor. ¿Y tu fortaleza de dónde viene?

 Rev. Dr. Pablo E. Rojas Banuchi

Director de Oficina de Capellanía Universitaria


Publicado el: Martes, 21 de abril de 2015 a las 4:38 pm

Reflexión No. 1 La fe y la duda

Texto Bíblico Clave: “Porque me has visto has creído, le dijo Jesús, dichosos los que no han visto y sin embargo creen” (NVI -Juan 20:29).

oracion2En la vida debemos afrontar diversidad de situaciones. Unas alegres, otras, un tanto tristes. Todos en alguna medida hemos sido como Tomás. Hemos dudado. Ante situaciones adversas y de carácter frustrante nos hemos preguntado dónde está Dios. Sin embargo, la duda en cierto sentido no es negativa, pues es producto de nuestros propios temores. La duda se contrapone a la fe para poner la fe a prueba. De hecho, la misma “duda” fundamentada –a veces– en la incertidumbre de qué habrá de pasar nos empuja y conduce a reecontrarnos con Dios.

La duda nos hace buscar de la fe para recuperar la confianza perdida. Todos hemos dudado alguna vez y nuestras crisis, a veces, nos sumergen en la desesperanza que obstaculiza la posibilidad de ver a Dios en la tormenta. La fe no solo depende de la razón, aunque vital, depende de nuestra “confianza” (del latín fiducia) en el Dios de la Vida, que aunque aparentemente en silencio en ocasiones, Él está presente. Tomás necesitó ver para creer, pero Jesús nos invita a un camino de mayor arraigo a Él. Nos invita a caminar con Él aunque no le veamos.

No siempre hay que ver para creer. No creo que Tomás sea un ejemplo negativo a la fe de los cristianos. Históricamente, la Iglesia ha criticado la actitud de Tomás y lo ha presentado siempre como un ejemplo indebido a la fe. Tomás pregunta por derecho propio. Tomás representa nuestra propia humanidad y ambivalencia humana. Fragilidad que Juan (el autor del Evangelio) utiliza para motivar a su propia comunidad de fe a redescubrir que mientras más humanos somos mayor posibilidad de que nuestra espiritualidad sea más genuina. Es la manera que Juan utiliza para decirnos que Tomás es tan humano como nosotros. Es la forma que Juan utiliza para motivar a su comunidad de fe a salir del encierro por causa de la persecución (ver Jn. 20: 19) y los invita a salir a la vida y enfrentarla con todas sus tonalidades: alegrías y tristezas.

Hoy, como ayer el Cristo resucitado nos invita a salir de nuestros encierros (físicos y emocionales) y salir a la vida confiando que Dios nos acompaña en todo momento. Si dudas de la presencia de Dios en determinada situación, no te sientas mal. Es normal que ello ocurra. Sin embargo, no te quedes en la duda.

Trasciende la misma y comienza a buscar un propósito y sentido a dicha experiencia. Saca partido de tu crisis. Aunque parezca imposible, busca el sentido de esperanza detrás de ella. Sobretodo busca qué puedes aprender de tu propia crisis. Las crisis (del griego crinein) pueden convertirse en vivencias para crecer, fortalecernos como seres humanos y encontrar mayor sentido a la vida misma. Una cosa es cierta, si dejamos que Dios nos guíe y confiamos que Él está presente y con nosotros, aunque no le veamos, veremos la vida desde otra perspectiva. “…dichosos los que no han visto y sin embargo creen”.

Rev. Dr. Pablo E. Rojas Banuchi

Director de Oficina de Capellanía Universitaria

Resumen del Sermón expuesto en la Iglesia Presbiteriana “El Redentor” en Aguadilla

12 de abril de 2015 (1er Domingo después de Resurrección).