lado right
Reflexión Pastoral - Rev. Pablo E. Rojas Reflexión Pastoral - Rev. Pablo E. Rojas Reflexión Pastoral - Rev. Pablo E. Rojas

Menú

Eventos y Actividades:

Publicado el: Jueves, 21 de mayo de 2015 a las 11:32 am

Reflexión No. 3 “Te veo Jesús”

Reflexión 3

Te veo Jesús, pero qué pasa que no te siento.

Te veo Jesús, pero qué pasa que los rudos golpes de la vida me impiden sentirte sublime, alto, fuerte…

Te veo Jesús, pero qué pasa que las fuertes lluvias de Mayo me impiden ver tu silueta acercarse a mí. Te veo, pero no como antes. Te veo: tenue, borroso, distante…

Te veo Jesús, pero qué pasa que los fuertes vientos y ruidos de la vida me impiden oir tu dulce voz.

Te veo Jesús, pero qué pasa que los problemas me desenfocan, me desorientan, me empujan y me nublan la vista.

Te veo Jesús, pero qué pasa que no te siento. ¡Déjame sentirte! ¡Déjame verte! ¡Mira que me hundo en el lodo cenagoso!

Te veo Jesús, pero qué pasa que mi suelo se desliza, se desmorona, se quiebra. ¡Sosténme Nazareno! Ponme sobre la roca que eres Tú.

Te veo Jesús, pero qué pasa que la traición, la envidia, la angustia, el sufrimiento y la crisis no esperada me atormentan. No son amigos que invité a cenar y mucho menos a pernoctar en mis habitaciones.

Te veo Jesús, pero qué pasa que no descubro verte entre tanta bruma marcada por los conflictos de mi diario vivir.

¿Será que estás y la crisis la antepongo a tu presencia? ¿Será que estás y veo el problema mayor que tu poder? ¿Será que estás y no te oigo por mis ruidos internos? ¿Será que estás y la ansiedad te cubre…?

¡Sí Señor, tu estás! Es que me quedo perplejo, ensimismado y estupefacto ante el problema y olvido tu grandeza.

¡Señor ayúdame a verte como tú quieres que te vea! Grande, fuerte, maternal, paternal, soberano, amigo. Aparta de mí el pesimismo, la desesperanza, el desánimo, la falta de fe, el dolor y las heridas que otros causaron.

Señor Jesús quiero verte en el día, en la tarde, en la noche…en la cotidianidad. Señor Jesús, ¿me entiendes? No te veía porque hice de mi crisis mi pensamiento, y mi amiga. Por eso no te veía, pero siempre estuvistes allí. Mísero de mí que me olvido de tus promesas.

Te veo Jesús, ahora sí. Porque reconozco que los problemas son parte de la vida y en medio de ellos te haces real. Silencioso, callado….pero sufriendo, llorando, gritando y gimiendo con nosotros. ¡Por eso no te veía Jesús! Porque en la crisis te haces crisis y dolor para sentir lo que yo siento. Para solidarizarte conmigo. Para encarnarte en mi propio dolor. Para entenderme. Para sufrir con los que sufren y llorar con los que lloran. Por eso no te veía, porque estás en mi dolor entre el grito y el llanto. Entre la sonrisa y las lágrimas. Entre la confusión y la cordura.

¡Estás aquí Jesús! ¡Que alegría! Eres risa y llanto. Esperanza y quebranto. Eres poder, luz e inspiración.

Te veo, te veo Jesús….estás aquí…llorando conmigo.

 

Dr. Pablo E. Rojas Banuchi


Publicado el: Miércoles, 6 de mayo de 2015 a las 2:58 pm

Reflexión No. 2: Nuestra fortaleza viene de Dios

IMG_20150505_184447396_HDRTexto Bíblico Clave: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (NVI -Fil. 4:13).

Se ha preguntado alguna vez qué quiso decir el apóstol Pablo con dichas palabras.

Primero, estas palabras no son una fórmula mágica. En muchas ocasiones utilizamos estas palabras a manera de “fetichismo.” Es decir, le decimos a las personas que tienen alguna crisis que, “…afirmen o declaren que todo lo pueden en Cristo y todo se resolverá.” Como si al expresar dichas palabras todo volverá a la normalidad de manera “mágica.” Sin embrago, sabemos, que en la vida existen procesos y etapas que debemos vivir y que son necesarios experimentarlos para la mejor resolución de nuestros problemas personales. Expresar estas palabras no significa (conforme a la mentalidad paulina), que las cosas habrán de cambiar de manera instantánea.

De acuerdo a muchos biblistas, estas palabras de Pablo significan poseer la capacidad física y mental que le permite a uno realizar tareas difíciles. En otras palabras, decir que “todo lo podemos en Cristo” no es otra cosa que una “actitud” que se asume ante las diversas problemáticas de la vida. Es asumir “entereza”, “fuerza”, “empeño” con todo nuestro ser y enfrentar de frente los problemas que nos llegan. Desde la perspectiva paulina esa fuerza, esa actitud –se asume en el nombre del Señor Jesús como una manera y forma de afirmar que no estamos solos. Es proclamar que dichos problemas que enfrentamos lo hacemos en la compañía de nuestro Señor. Recordemos que Pablo además de misionero es un educador. Y quiere dejar claro que el creyente debe buscar y procurar por Cristo en todas las áreas de su vida. Dicho de otra manera, Pablo exhorta a los hermanos de la Iglesia de Filipos a afirmar la presencia de Cristo en todo momento. En los momentos buenos y en los momentos no tan buenos.

De hecho, estas palabras de Pablo, parecen en cierta manera, hasta una estrategia de carácter psicológico a través de las cuales busca que la gente aprenda a automotivarse frente a las adversidades. En el cristianismo, esa “motivación” y “fortaleza” tienen un fundamento y se llama: Cristo Jesús. No le ha ocurrido que cuando está atravesando por un momento difícil, alguien se acerca y usualmente en su consejo le dice: “¡Anímate, no estás solo/a, recuerda, Cristo está contigo: afírmalo, proclámalo, vívelo…!” Más que una motivación se trata de asumir una actitud de “resiliencia.” La resiliencia es la capacidad que tenemos los seres humanos para sobreponernos a períodos de dolor emocional y situaciones adversas. Cuando una persona es capaz de hacerlo, se afirma que tiene una resiliencia adecuada/positiva, y puede sobreponerse a las crisis o incluso resultar fortalecido/a por éstas.

En el mundo antiguo los primeros cristianos utilizaban diferentes formas de poder anunciar aquello en que creían. El centro del mensaje del Nuevo Testamento es la persona de Cristo. Por lo tanto, si Cristo es la buena noticia, entonces esa buena noticia debía ser proclamada a todos. La Iglesia afirma que ese Cristo que ya no estaba entre ellos/as había resucitado y de alguna forma –estaba con ellos de forma espiritual. De este modo, el anuncio de la Iglesia acerca del Cristo resucitado es una forma de decirle al mundo que su Dios no había muerto y seguía ocupándose de ellos/as aún cuando podían percibirlo distante. El Dios que proclama la Iglesia no es un Dios que se aleja de sus criaturas y deja de atender sus reclamos. ¡No! El Dios que proclama el cristianismo nos acompaña en nuestras vivencias diarias: en las alegrías, en el dolor, en el sufrimiento, en el luto, en momentos de desempleo, en tiempos de escasez económica, en enfermedad, en tiempos cuando ni siquiera nadie tiene una palabra de aliento para nosotros.

Estas palabras de Pablo, en cierta manera, son una confesión cristiana. Afirma y expone las creencias de estos primeros cristianos. Esto era muy común en los tiempos del Nuevo Testamento (s. II y III).

Cuando Pablo dice, “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” es una manera de seguir y perpetuar esa tradición y educar a la iglesia de que a pesar de los tiempos difíciles, no hay tiempo difícil en que Cristo no deje de estar presente. Afirmarlo –es proclamar lo que creemos. Y la Iglesia cree que en tiempos difíciles Cristo es capaz de hacerse real en nuestras problemáticas diarias. Es la forma en que la Iglesia se anima y anima a otros a mantener la esperanza. Existen situaciones que se resuelven y otras no. Pero aún en aquellas que no vemos luz al final del camino, Dios estará presente para sostenernos. La vida cristiana trata de actitudes, de creer, de confiar, de luchas, de puertas que se abren y puertas que se cierran. El cristianismo primitivo nunca postuló una vida de “comfort.” La vida cristiana se da en esta tierra no es de otro mundo. Y Pablo, mejor que nadie sabía eso, y lo más que llama la atención es que este hombre está dando un consejo de afirmación de la fe desde la cárcel. Entonces, cómo es posible que un hombre estando preso y en momentos de dificultad brinde un consejo. La respuesta es simple, Pablo no solo predicaba a Cristo, sino que experimenta a Cristo en su ser.

En resumen, Pablo quiere dejar claro que a pesar de estar en prisión y de vivir las cosas que ha vivido -su fortaleza viene del Señor. ¿Y tu fortaleza de dónde viene?

 Rev. Dr. Pablo E. Rojas Banuchi

Director de Oficina de Capellanía Universitaria


Publicado el: Martes, 21 de abril de 2015 a las 4:38 pm

Reflexión No. 1 La fe y la duda

Texto Bíblico Clave: “Porque me has visto has creído, le dijo Jesús, dichosos los que no han visto y sin embargo creen” (NVI -Juan 20:29).

oracion2En la vida debemos afrontar diversidad de situaciones. Unas alegres, otras, un tanto tristes. Todos en alguna medida hemos sido como Tomás. Hemos dudado. Ante situaciones adversas y de carácter frustrante nos hemos preguntado dónde está Dios. Sin embargo, la duda en cierto sentido no es negativa, pues es producto de nuestros propios temores. La duda se contrapone a la fe para poner la fe a prueba. De hecho, la misma “duda” fundamentada –a veces– en la incertidumbre de qué habrá de pasar nos empuja y conduce a reecontrarnos con Dios.

La duda nos hace buscar de la fe para recuperar la confianza perdida. Todos hemos dudado alguna vez y nuestras crisis, a veces, nos sumergen en la desesperanza que obstaculiza la posibilidad de ver a Dios en la tormenta. La fe no solo depende de la razón, aunque vital, depende de nuestra “confianza” (del latín fiducia) en el Dios de la Vida, que aunque aparentemente en silencio en ocasiones, Él está presente. Tomás necesitó ver para creer, pero Jesús nos invita a un camino de mayor arraigo a Él. Nos invita a caminar con Él aunque no le veamos.

No siempre hay que ver para creer. No creo que Tomás sea un ejemplo negativo a la fe de los cristianos. Históricamente, la Iglesia ha criticado la actitud de Tomás y lo ha presentado siempre como un ejemplo indebido a la fe. Tomás pregunta por derecho propio. Tomás representa nuestra propia humanidad y ambivalencia humana. Fragilidad que Juan (el autor del Evangelio) utiliza para motivar a su propia comunidad de fe a redescubrir que mientras más humanos somos mayor posibilidad de que nuestra espiritualidad sea más genuina. Es la manera que Juan utiliza para decirnos que Tomás es tan humano como nosotros. Es la forma que Juan utiliza para motivar a su comunidad de fe a salir del encierro por causa de la persecución (ver Jn. 20: 19) y los invita a salir a la vida y enfrentarla con todas sus tonalidades: alegrías y tristezas.

Hoy, como ayer el Cristo resucitado nos invita a salir de nuestros encierros (físicos y emocionales) y salir a la vida confiando que Dios nos acompaña en todo momento. Si dudas de la presencia de Dios en determinada situación, no te sientas mal. Es normal que ello ocurra. Sin embargo, no te quedes en la duda.

Trasciende la misma y comienza a buscar un propósito y sentido a dicha experiencia. Saca partido de tu crisis. Aunque parezca imposible, busca el sentido de esperanza detrás de ella. Sobretodo busca qué puedes aprender de tu propia crisis. Las crisis (del griego crinein) pueden convertirse en vivencias para crecer, fortalecernos como seres humanos y encontrar mayor sentido a la vida misma. Una cosa es cierta, si dejamos que Dios nos guíe y confiamos que Él está presente y con nosotros, aunque no le veamos, veremos la vida desde otra perspectiva. “…dichosos los que no han visto y sin embargo creen”.

Rev. Dr. Pablo E. Rojas Banuchi

Director de Oficina de Capellanía Universitaria

Resumen del Sermón expuesto en la Iglesia Presbiteriana “El Redentor” en Aguadilla

12 de abril de 2015 (1er Domingo después de Resurrección).